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Me
‘llegó’ a las manos un libro muy interesante titulado ‘The Cheating Culture’
o ‘La Cultura de la Trampa’.
Interesante
no solamente en contenido sino también que llega en un momento oportuno
donde por doquier se leen y se escuchan las diversas opiniones sobre el
‘Reporte Mitchell’, en referencia a la conclusión de la investigación del
ex senador de los Estados Unidos George Mitchell.
Por
espacio de 20 meses Mitchell estuvo investigando la medida que han sido
utilizadas los esteroides en las Grandes ligas o las llamadas ‘performance-enhancing
drugs’.
El
reporte fue dado a la luz pública y los nombres de jugadores activos o
retirados que utilizaron en algún momento de sus carreras en las mayores
estas sustancias.
No
es mi intención comentar sobre dicho reporte pues ya se han encargado de
hacerlo en demasía, solo quiero decir que encuentro cuestionable gran parte
de su información. Sus declaraciones están basadas en entrevistas realizadas
y en ‘aquel dijo que este hizo…’, o como dicen los norteamericanos, en
el ‘hearsay’, ninguna evidencia concreta.
Ni
soy puritano ni ingenuo, el uso de esteroides en las Grandes Ligas es un
problema serio y debe ser atendido, pero debió haber otra manera de tratar
con la situación.
Más
de un 50% de los jugadores pudieron haberla utilizado, como es un hecho
que este problema está presente en otras disciplinas deportivas a nivel
profesional y aficionado. Como también es un hecho que tal situación se
da en otras áreas y profesiones de nuestro diario vivir. No debe tomarnos
por sorpresa que esto suceda en el béisbol la cual es una extensión de
la sociedad.
Lo
que sí me sorprende y hasta molesta son los aires de ‘pureza’ y ‘moralistas’
que soplan a diario en la prensa y en las estaciones de radios.
Estos
señores de la noche a la mañana han olvidado que el béisbol de Grandes
Ligas hasta no hace mucho no permitía jugar a los ‘negros’ en los mismos
terrenos que los blancos. Hasta han querido olvidar que tienen en su ‘Salón
de la Fama’ a jugadores, en específico un lanzador, que utilizaba sustancias
y artefactos prohibidos para poder sacar de ‘out’ a los bateadores. Que
estuvieron por muchos años, y todavía lo hacen, glorificando a un “Rey’
de los jonrones que utilizaba sustancias prohibidas no solamente por el
béisbol sino por las leyes sociales.
Si
el mencionado reporte expandiera el ‘terreno de investigación’ en esta
‘analogía’ de embusteros, tramposos e inmorales donde todos nosotros nos
desempeñamos entonces sí que se pone interesante.
Se
encontrará sin duda que muchos de estos ‘moralistas’ buscan afanosamente
cada abril como ‘truquear’ en sus contribuciones, o quizás como ‘comprar’
sus reválidas, evidencias de plagio entre los periodistas, y hasta un Presidente
de Estado mintiéndole al mundo que va en busca de ‘armas nucleares’ con
el solo fin de comenzar una guerra que beneficia solamente a los grandes
intereses económicos mundiales. Quizás deban colocar un asterisco al lado
del nombre de ‘la Guerra Contra el terrorismo’.
Ahora
todos ellos se atreven a hablar de moral, justicia y ‘juego limpio’.
Volviendo
a mi lectura de ‘The Cheating Culture’, presenta el autor el hecho de que
‘la trampa’ es tan vieja como la historia de la Humanidad. En la Antigua
Grecia, durante las Olimpiadas los atletas eran multados por mentir sobre
su condición de aficionado, jueces ‘comprados’, etc. Se utilizaba ese dinero
de las multas para erguir estatuas de ‘Zeus’. Eso explica la gran cantidad
de estas estatuas.
No
es mi intención, en lo más mínimo, aceptar la trampa y mucho menos la inmoralidad
venga de quien venga. Debe ser condenada y todos aquellos de ser hallados
culpables deben pagar por las consecuencias. Pero por favor no traten de
engañar al pueblo tildándose de puritanos y moralistas.
De
seguir esa tendencia no solo estaremos viviendo en una ‘Cultura de Trampa’
sino también en ‘La Cultura de la Hipocresía’.
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